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Artículo de Hermann Scheer sobre las negociaciones del clima (castellano)
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Para desatascar los beneficios económicos y ecológicos de la energía renovable, ¡desmantelemos la industria energética convencional!
Artículo del Dr. Hermann Scheer, publicado en Ode Magazine (edición especial sobre Copenhagen), el 12 de diciembre del 2009.
La humanidad está en el umbral de una era de oportunidades sin precedentes. En las décadas pasadas, muchas de las innovadoras nuevas tecnologías que se nos han hecho disponibles y asequibles pueden transformar nuestras economías actuales basadas en los contaminantes combustibles fósiles para avanzar hacia economías sostenibles basadas en las energías renovables. Esta transformación proporcionará millones de trabajos nuevos. Detendrá calentamiento global y creará un mundo más justo y más bello. Limpiará nuestro entorno y hará más sanas nuestras vidas. Aun así, para que todo este cambio positivo pueda darse, no necesitamos un tratado internacional sobre el clima. No necesitamos un Protocolo de Copenhague, del mismo modo que no necesitábamos un Protocolo de Kyoto. De hecho, estos intentos internacionales se nos muestran como el camino del progreso que nosotros no necesitamos.
La historia proporciona muchos ejemplos de revoluciones tecnológicas que han rehecho el mundo. Aun así, ninguna de ellas ha hecho su camino sin encontrarse con una resistencia masiva. Ningún cambio ha ocurrido a partir del consenso con aquellos que hay a la cola, y ningún cambio ha sido objeto de un tratado internacional – incluso donde los efectos se apreciaban a escala global.
Sin embargo, muchos de estos cambios revolucionarios necesitaron de un marco político o ayuda concertrada para facilitar el desarrollo en sus inicios y demostrar los beneficios económicos y culturales que traían consigo. La lista incluye los ferrocarriles, las redes de electricidad, el coche, los barcos y la aviación, la energía nuclear, las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Ninguna de ellas se fraguó gracias a un contrato internacional. Cualquier que hubiera sugerido introducir Internet a través de un sistema internacional de cuotas obligatorias para evitar la debacle en la economía se le habría ridiculizado como analfabeto económico. Todas estas revoluciones tecnológicas ocurrieron porque había líderes capaces de mostrar las ventajas de la nueva tecnología. Estos ejemplos motivaban más y más gente, más y más empresas y gobiernos por hacer el mismo.
Este es el camino como se han desarrollado y se continúan desarrollando los procesos dinámicos hasta el punto dónde se vuelven autosostenidos. La revolución de la microelectrónica se implantó gracias a las ganancias de productividad que comportaba, pese a la agitación estructural casi universal que provocaba. Países que promovían la microelectrónica por ejemplo, mediante la investigación y el desarrollo patrocinados por el gobierno pudieron beneficiarse de los mismos. Los que pusieron freno a las mismas para prevenir la supuesta confusión económica posteriormente se atrasaban.
Las negociaciones por el clima tal y como se plantean nunca nos llevarán hacia la economía de la energía renovable que necesitamos porque se basan en la premisa incorrecta. Esta premisa incorrecta es que el cambio por limpiar la energía será una carga económica y que, por esto, se necesita llegar a un acuerdo a base de soluciones comunes, pasos comunes y políticas comunes por compartir la supuesta carga.
¿Cómo se puede pensar nunca en iguales, o casi igluales, obligaciones cuando los diferentes países tienen condiciones básicas muy diferentes? Algunas naciones son industrializadas, otras no lo son; algunos son países están en proceso de desarrollo, otros son países industriales; algunos son importadores de energía, otros son exportadores de energía. Y cada uno de ellos tiene estados diferentes de desarrollo tecnológico. Como resultado, es prácticamente imposible llegar a una política globalmente unificada. Cada país pretende tener derecho a exenciones. El resultado con un pacto de consenso es que se logran un gran acuerdo con muchas execepciones que básicamente nos lleva en el mejor de los casos, a un acuerdo de compromiso de bajo nivel que va en contra del genuino/real desafío.
Esta es la experiencia de 15 años de negociaciones del clima. Y todo empieza con la premisa incorrecta de que la introducción de la economía de energía limpia es un proceso doloroso. La premisa correcta es: el cambio hacia la energía limpia conlleva grandes ventajas económicas. Aportará importantes beneficios macroeconómicos a todos los países que se embarquen en el viaje. Si asumimos la premisa correcta, no hay ninguna necesidad de un acuerdo global. Es la premisa incorrecta que nos conduce a toda esta discusión y al gran bazar o mercadeo sobre la carga a compartir. El único valor de los 15 años de estas negociaciones es que han creado conciencia global y han instalado el Secretariado del IPCC qué ha ayudado a crear el consenso global de que los peligros de clima realmente existen.
Una estrategia de cambio climático dinámica debe tener en su corazón las oportunidades económicas que surgen de una revolución en suministros de energía. No considera que un tratado global libere los beneficios de la energía renovable. Tomen el ejemplo de Alemania. Alemania es hoy el país con más captadores solares y más turbinas eólicas instalados, a pesar de que Alemania claramente no es el país ni con más sol ni con las mejores condiciones de viento. El éxito de la introducción de energía renovable es un resultado de la EGG (la Ley de Fuentes de Energía Renovable).
Esta Ley no era un derivado del Protocolo de Kyoto. El punto clave de esta Ley es que todas las energías renovables nuevas tienen prioridad absoluta a un precio garantizado en el mercado de la electricidad. Cualquier energía renovable que se produzca debe ser admitida por la red eléctrica y debe ser admitida por todo el sistema eléctrico. Las empresas de energía convencionales no tienen ninguna posibilidad para bloquearlo. Esta simple Ley ha creado mucha inversión nueva y ya ha inspirado más de 40 países, incluyendo la China y la India, que han apostado por desarrollar el mercado de tecnología de energía renovable.
Los gobiernos también pueden apoyar al dinamismo necesario a través de políticas fiscales. A las energías renovables se las debe otorgar exenciones fiscales. Ello cambiaría automáticamente las decisiones de inversión de los productores de energía y la demanda de los consumidores. Es un hecho que la energía convencional hace daño al clima y a la salud humana. Por esto es ridículo que estas energías 'envenenadas' sean más baratas que las energías limpias. Debe ser exactamente lo contrario. Las energías limpias deben ser más baratas. Esto proporcionaría incentivos para los productores y a los consumidores por cambiar hacia un sistema basado en las energías renovables.
A prácticamente todos los países, con la excepción de ciudades dónde existen los suburbios-tugurios, se prohíbe que se viertan residuos domésticos a la calle. La gente pone sus residuos en contenedores y pagan por la gestión local de la basura. Pero, curiosamente esto no se ha prohibido para las energías convencionales contaminantes que lanzan residuos a la atmósfera. Lo que se ha convertido en un hecho evidente en nuestra cultura de vivir con residuos debería ser el mismo precepto que aplicáramos al suministro y consumo de energías contaminantes.
Podemos conseguir un sistema eléctrico 100% renovable en 15 años en cualquier lugar dónde se implementen políticas adecuadas. Soy optimista, porque nada no se puede implementar más rápido que una estructura descentralizada de producción de energía renovable. Hay una diferencia de tiempo mínima entre inversión y obra. Un molino de viento se puede instalar en dos semanas, por ejemplo. En cambio se precisan de varios años para poner en marcha una central eléctrica convencional. La aplicación de energías renovables de una manera descentralizada es tecnológicamente y económicamente mucho más rápida. Tiene un potencial enorme. Y este potencial natural es igual hoy como lo será dentro de 10.000 años y como esto era hace 10.000 años.
Las sociedades deben tomar la decisión política de crear un nuevo orden. Ello no es una misión global; es una elección nacional. Tiene que llegar a ser una evidencia en la cultura de nuestras sociedades el hecho que no podamos continuar contaminando nuestro entorno con combustibles fósiles y residuos nucleares radiactivos cuando tenemos alternativas mejores y más limpias disponibles. El éxito de la política de la implantación de la energía renovable en Alemania demuestra que esta apuesta se puede ganar. Alemania ha mostrado que es fácil crear la conciencia que es mejor para la sociedad y para las generaciones futuras tener energía limpia. Así que el nuevo orden empieza con la prioridad para las energías renovables.
El desafío es como vencer los intereses creados por los proveedores de energía contaminante. La energía renovable requiere un enfoque altamente distribuido - que cada consumidor es potencialmente también un productor - mientras que también proporciona oportunidades completamente nuevas para la agricultura (biomasa), la construcción (materiales energéticamente eficientes), ingenieros y fabricantes (turbinas eólicas, captadores solares, plantas de biogás, pilas de combustible), pero también para la industria eléctrica (no hay más necesidad de redes eléctricas) y otros mucho más sectores. De seguir a fondo, y de forma adecuada, el camino de la energía renovable, comportaría una revolución económica de las de mayor alcance. Es el miedo al cambio revolucionario lo que motiva la amplía resistencia a la energía renovable.
Es necesario vencer esta resistencia. No puede haber revolución ecológica alguna en el suministro de energía sin una destrucción creativa de la industria de energía convencional existente. Al final, esto es una tarea para los políticos elegidos por la ciudadanía. Los políticos deben decidir qué es más importante: dar soporte y atender los intereses futuros del negocio de la energía convencional o tener cuidado del futuro de la sociedad.
Traducción al castellano de Fundación Tierra y sección española de Eurosolar
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Article de Hermann Scheer sobre les negociacions del clima (català)
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Per desencallar els beneficis econòmics i ecològics de l’energia renovable, desmantellem la indústria energètica convencional!
Article del Dr. Hermann Scheer publicat a Ode Magazine (edició espcial sobre Copenhagen), 12 de desembre del 2009.
La humanitat està en el llindar d'una era d'oportunitats sense precedents. En les dècades passades, moltes de les innovadores noves tecnologies que s'han tornat disponibles i assequibles poden transformar les nostres economies actuals basades en els contaminants combustibles fòssils cap a economies sostenibles basades en les energies renovables. Aquesta transformació proporcionarà milions de feines noves. Aturarà escalfament global. Crearà un món més just i més bonic. Netejarà el nostre entorn i farà més sanes les nostres vides. Tanmateix, per què tot aquest canvi positiu pugui passar, no necessitem un tractat internacional del clima. No necessitem un Protocol de Copenhaguen, de la mateixa manera que no necessitàvem un Protocol de Kyoto. De fet, aquests intents internacionals romanen en el camí del progrés que gairebé tots nosaltres necessitem.
La història proporciona molts exemples de revolucions tecnològiques que han refet el món. Tanmateix, cap no ha fet el seu curs sense trobar-se resistència massiva. Cap canvi no ha ocorregut a partir del consens amb aquells que hi ha a la cua, i cap no ha estat el tema d'un tractat internacional - fins i tot on els efectes se sentien en una escala global.
No obstant això, molts d'aquests canvis revolucionaris necessitaven una marc polític o ajuda concertada en els seus inicis per desenvolupar-se i demostrar els beneficis econòmics i culturals. La llista inclou els ferrocarrils, les xarxes d'electricitat, el cotxe, els vaixells i l’aviació, l’energia nuclear, les telecomunicacions i les tecnologies de la informació. Cap d’ells va ocorrer per un contracte internacional. Qualsevol que hagués suggerit introduir Internet a través d'un sistema internacional de quotes obligatòries per evitar el destarotament de l’economia se l'hauria ridiculitzat com a analfabet econòmic. Totes aquestes revolucions tecnològiques passaven perquè hi havia corredors destacats que mostraven l'avantatge de la tecnologia nova. Aquests exemples motivaven més i més gent, més i més empreses i governs per fer el mateix.
Aquest és el camí com s'han desenvolupat i es continuen desenvolupant els processos dinàmics fins al punt on es tornen autosostinguts. La revolució de la microelectrònica va ocorrer a causa dels guanys de productivitat que comportava, malgrat l'agitació estructural gairebé universal que provocava. Països que promovien la microelectrònica per exemple, mitjançant la recerca i el desenvolupament patrocinats pel govern, es beneficiaven consegüentment amb això. Els que es refrenaven per prevenir la confusió econòmica posteriorment s'endarrerien.
Les negociacions del clima actuals mai no portaran cap a l'economia d'energia renovable que necessitem perquè es basen en la premissa incorrecta. Aquella premissa és que el canvi per netejar l’energia serà una càrrega econòmica i que, per això, es necessita arribar a un acord a base de solucions comunes, passos comuns i polítiques comunes per compartir aquella càrrega.
Com es pot arribar mai a iguals o gairebé iguals obligacions quan els diferents països tenen condicions bàsiques molt diferents? Alguns són industrialitzats, altres no ho són; alguns són països en procés de desenvolupament, altres són països industrials; alguns són importadors d'energia, altres són exportadors d'energia. Cadascún te estats diferents de desenvolupament tecnològic. Com a resultat, és pràcticament impossible arribar a una política globalment unificada. Cada país vol tenir exempcions. Així s’assoleix un gran contracte amb moltes exempcions que bàsicament mena, en el seu millor cas, a un acord de compromís de baix nivell que va al darrere del genuí/real desafiament.
Aquesta és l'experiència de 15 anys de negociacions del clima. I tot comença amb la premissa incorrecta de que la introducció de l'economia d'energia neta és un procés dolorós. La premissa correcta és: El canvi cap a l’energia neta té grans avantatges econòmics. Donarà grans beneficis macroeconòmics a tots els països que s'embarquin en el viatge. Sostenint de la premissa correcta, no hi ha cap necessitat d'un contracte global. És la premissa incorrecta que porta a tota aquesta discussió i al gran bazar o mercadeig sobre la càrrega a compartir. L'únic valor dels 15 anys d'aquestes negociacions és que han creat consciència global i han instal·lat el Secretariat de l’IPCC què ha ajudat a crear el consens global de que els perills de clima existeixen.
Una estratègia de canvi climàtic dinàmica ha de tenir al seu cor les oportunitats econòmiques que sorgeixen d'una revolució en subministraments d'energia. No considera que un tractat global alliberi els beneficis de l’energia renovable. Prenguin l'exemple d'Alemanya. Alemanya és avui el país amb més captadors solars i més molins de vent instal·lats, mentre que Alemanya clarament no és el país ni amb més sol i ni amb les millors condicions de vent. L'èxit de la introducció d'energia renovable és un resultat de l’EGG (la Llei de Fonts d'Energia Renovable).
Aquesta Llei no era un derivat del Protocol de Kyoto. El punt clau d'aquesta Llei és que totes les energies renovables noves tenen prioritat absoluta a un preu garantit en el mercat de l’electricitat. Qualsevol energia renovable que es produeixi ha de ser admesa per la xarxa i ha de ser admesa pel servei d'electricitat sencer. Les empreses d'energia convencionals no tenen cap possibilitat per bloquejar-ho. Aquesta simple Llei ha creat molta inversió nova i ja ha inspirat més de 40 països, incloent-hi la Xina i l'Índia, per desenvolupar un mercat de tecnologia d'energia renovable.
Els governs també poden donar suport al dinamisme necessari a través de polítiques fiscals. A les energies renovables se les hi hauria de donar exempcions fiscals. Això canviaria automàticament les decisions d'inversió dels productors d'energia i la demanda de consumidors. És un fet que l'energia convencional fa mal al clima i a la salut humana. Per això és ridícul que aquestes energies 'enverinades' siguin més barates que les energies netes. Ha de ser exactament el contrari. Les energies netes han de ser més barates. Això proporcionaria incentius per als productors i als consumidors per canviar cap a energies renovables.
A pràcticament tots els països, amb l'exempció de ciutats on existeixen els suburbis/tuguris, es prohibeix que es llancin residus domèstics al carrer. La gent posa els seus residus a contenidors i paguen la gestió local de les escombraries. Però curiosament això no està prohibit per a les energies convencionals contaminants que aboquen residus a l'atmosfera. El que s'ha convertit en un fet evident en la nostra cultura de viure amb residus hauria de ser el mateix precepte per aplicar als subministraments i consums d'energia contaminants.
Podem aconseguir un sistema elèctric 100% renovable en 15 anys a qualsevol lloc on s'implementin polítiques adequades. Sóc optimista, perquè res no es pot implementar més ràpid que una estructura descentralitzada de producció d'energia renovable. Hi ha una diferència de temps molt curta entre inversió i obra. Un molí de vent es pot instal·lar en dues setmanes, per exemple. D'altra banda, es necessiten anys per instal·lar una central elèctrica convencional. L'aplicació d'energies renovables d'una manera descentralitzada és tecnològicament i econòmicament molt més ràpida. Té un potencial enorme. I aquest potencial natural és igual avui com ho serà d’aci a 10,000 anys i com això era fa 10,000 anys.
Les societats han de pendre la decisió política de crear un nou ordre. Això no és una missió global; és una elecció nacional. Ha d’esdevenir un fet evident en la cultura de les nostres societats que no puguem continuar contaminant el nostre entorn amb combustibles fòssils i residus nuclears radioactius quan tenim alternatives millors i més netes disponibles. L'èxit de la política d'energia renovable alemanya demostra això. Alemanya ha mostrat que és fàcil crear la consciència que és millor per a la societat i per a les generacions futures tenir energia neta. L'ordre nou comença amb la prioritat per a les energies renovables.
El desafiament és com vèncer els interessos creats dels proveïdors d'energia. L'energia renovable requereix un enfocament altament distribuït - que cada consumidor és potencialment també un productor - mentre que també proporciona oportunitats completament noves per a l’agricultura (biomassa), la construcció (materials energèticament eficients), pels enginyers i fabricants ( turbines eòliques, captadors solars, plantes de biogàs, piles de combustible), per a la indústria elèctrica (cap més necessitat de xarxes elèctriques) i moltes altres a més. Seguit de forma escaient, i a fons, el camí de l’energia renovable, comportaria una revolució econòmica de les de més gran abast. És la por pel canvi revolucionari el que motiva l’amplia resistència a l’energia renovable.
És necessari vèncer aquesta resistència. No hi pot haver cap revolució ecològica en el subministrament d'energia sense destrucció creativa de la indústria d'energia convencional existent. Al final, això és una qüestió per als polítics elegits per la gent. Els polítics han de decidir què és més important: tenir cura dels interessos futurs del negoci de l’energia convencional o tenir cura del futur de la societat.
Traducció al català: Eurosolar – secció catalana
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